140° La noche en que todo se decide.
La cabaña apenas se sostenía en pie.
La madera crujía con cada movimiento, el techo dejaba pasar el frío y el aire olía a humedad vieja, como si aquel lugar hubiera sido olvidado por años. Pero en ese momento, para nosotros, era lo único que teníamos.
Un refugio.
Un punto de reunión.
Y, tal vez, el lugar donde decidiríamos el destino de todo.
Yo me mantuve de pie, apoyada contra una de las paredes, sintiendo cómo el cuerpo todavía me dolía por la explosión, por la caída, por el esfuerzo. Mauric