24° La verdad.
— ¿De qué se supone que estás hablando? — lo regañé, porque la noticia me había caído de sorpresa.
Entonces volteó a mirarme. Sus ojos azules brillaron en la oscuridad. Entonces salí corriendo hacia la mesita de noche y encendí la lámpara; no me gustaba tener ese tipo de conversaciones en la oscuridad. El hombre estaba más sobrio de lo que yo había imaginado en un principio.
— ¿Qué está pasando? — te pregunté.
Dejó la botella sobre la mesa donde habíamos cenado la noche anterior, que aún no