142° Donde el mar guarda secretos.
El muelle estaba casi desierto.
A esa hora, la ciudad parecía contener la respiración, como si supiera que algo estaba a punto de romperse. El sonido lejano de las olas contra la madera era lo único constante, lo único real en medio de todo el caos que llevábamos dentro.
Caminábamos en silencio.
No por falta de cosas que decir.
Sino porque ya no había nada útil que decir.
Mauricio iba adelante, firme, concentrado. Michael a su lado, con esa forma suya de moverse que parecía más una extensión de