21° El peso del deseo.
Podía mentirle a cualquier persona, podría mentirle a Raúl, incluso podría mentirle al mismo Mauricio, pero no podría mentirme a mí misma.
No podría mentir que cuando vi que los labios del hombre se acercaban peligrosamente a los míos, en vez de alejarme — porque tuve la oportunidad — , entrecerré los ojos esperando el beso y lo recibí.
Lo recibí cálidamente, anhelante, y fue tan diferente a lo que alguna vez había llegado a sentir.
Las veces que yo besaba a Brian, yo estaba enamorada de él, p