22° El precio de una noche.
Frente a frente, Mauricio siguió su movimiento con constancia mientras me observaba a los ojos. Pude ver aquella sensación que le atravesaba el cuerpo mientras sus caderas seguían ondulando.
Poco a poco mi propio cuerpo comenzó a responder ante el movimiento y a moverse también. Era como hacía unos cuantos minutos cuando estábamos bailando: nuestros cuerpos se movían al ritmo de la canción; ahora nuestros cuerpos también se movían al ritmo, pero esta vez con una melodía más profunda, más íntima