Mundo ficciónIniciar sesiónLanya siempre estuvo enamorada de Damiano Elizalde, incluso cuando supo que él se casaría con su hermana. Luchó por olvidarlo, hasta que, el día de la boda, Damiano sufre un accidente que lo deja en coma, y su hermana Atalya huye con el dinero de la dote, dejando a la familia al borde de la quiebra. El padre de Lanya para salvar los negocios con los Elizalde la obliga a casarse con Damiano, y Lanya acepta, no por dinero, sino por su amor secreto. Dos años más tarde, Damiano se ha curado y Lanya es la perfecta nuera de la familia Elizalde, sin embargo, una noche recibe un mensaje de su hermana Atalya: “He vuelto por mi lugar” Esa noche, Damiano le pide el divorcio. Destrozada, Lanya acepta divorciarse, pero pronto, Damiano descubrirá que la mujer que dejó ir es la misma que ahora quiere de vuelta y no duda en suplicar “exesposa, vuelve a mis brazos” ¿Podrá reconquistar el amor despreciado de Lanya?
Leer másPOV Lanya
Hoy mi hermana, Atalya, se casa con el hombre que amo.
Y yo tengo que sonreír.
Intenté olvidarlo. Lo juro que lo intenté. Me repetí mil veces que Damiano nunca sería mío. Que una buena hermana no traiciona.
Pero mi corazón siempre fue rebelde y terco, no pudo olvidarlo.
Desde aquella primera mirada —ese segundo eterno en el que sus ojos se clavaron en los míos antes de que Atalya se colgara de su brazo— supe que estaba perdida. No fue un capricho. No fue una ilusión. Fue algo que me atravesó el alma.
Lo conocí primero y me enamoré a primera vista en el colegio, y una vez le envié una carta de amor, confesándome.
Pero, él nunca me respondió, al día siguiente lo vi con Atalya, ya eran novios y yo solo debía olvidarlo.
Aunque sé que ella no lo quiere, no como yo, ella quiere su estatus, su dinero, todo lo que él puede dar, pero ella no ve más allá, no ama la fuerza de Damiano, ni su sonrisa dulce cuando nadie lo ve, tampoco sabe que le gusta tocar la guitarra o que ama dibujar, cuando nadie lo ve, yo sí, yo lo sé todo de él.
Y hoy lo voy a perder para siempre.
Me pongo el vestido rosa de dama de honor, debo fingir felicidad, hoy es el día de mi hermana, debería estar feliz y no sentirme morir.
Dicen que cuando amas a alguien, debes ser feliz si él es feliz, pero, nadie dijo que también doliera tanto.
Me miro al espejo mis ojos están rojos, mi sonrisa forzada. Soy una hipócrita perfecta.
—Sé fuerte, Lanya —me susurro—. No tienes derecho a romperte.
***
Entro en la habitación de Atalya.
Ella está radiante. El vestido blanco abraza su figura. Es hermosa. Siempre lo ha sido, es la favorita, la intocable.
Cuando me mira, su sonrisa se curva apenas.
—¿Estás celosa? —pregunta con suavidad venenosa—. ¿O ya aceptaste que Damiano nunca te mirará como me mira a mí?
El suelo se abre bajo mis pies.
Lo sabe. Siempre lo supo.
Mi secreto no era secreto. Era un espectáculo silencioso para ella.
—Solo quiero que seas feliz —murmuro, tragándome el orgullo, tratando de negarlo.
Ella se acerca despacio, disfrutando cada paso.
—Qué noble eres, hermanita —susurra cerca de mi oído—. No te preocupes… cuando tenga hijos con Damiano, podrás cargarlos. Así estarás un poco más cerca del hombre que amas.
El golpe es limpio y directo al corazón.
Me arde el pecho. Quiero odiarla, quiero gritar. Pero me quedo quieta, sin decir nada, como siempre.
—No amo a Damiano —miento.
Ella sonríe como quien ya ganó.
De pronto, la puerta se abre violentamente.
Nuestro padre entra pálido, temblando.
—¡Damiano tuvo un accidente! —dice con la voz rota—. Está en el hospital. Es grave.
El mundo se detiene.
No pienso, solo tengo demasiado miedo, no quiero que algo malo le pase.
Salgo corriendo. Detrás de mí, escucho el llanto de Atalya.
***
En el hospital
Llegamos al hospital tan rápido como podemos. El olor a desinfectante y medicina casi me da nauseas, pero resisto, y el ambiente pesa como una tragedia.
Atalya ya está allí, rodeada de todos. Llora… pero sus palabras me atraviesan.
—¡Damiano, no puedes abandonarme! ¡Mi boda! ¡Todo arruinado! ¡Cinco millones de dólares perdidos!
Mis padres la abrazan. La consuelan. Siempre fue la favorita de ellos, la niña de oro, que debían cuidar con ternura. Y yo la sombra perfecta.
Nunca supe por qué, quizás es porque soy la mayor, y los padres suelen consentir a la hermana menor, ¿Verdad? Pero, mis padres hacen tal diferencia, sobre todo mamá que a veces pienso, que no soy su hija.
Por ejemplo, la ves que saboteó mi beca de diseño de modas en París, enviando un correo diciendo que estaba enferma, y no lo supe hasta que era tarde.
La enfrenté y me dijo, que Atalya no había pasado el examen de universidad y debía ser comprensiva con ella.
O la vez que, siendo niñas, y estando enfermas las dos de un virus de gripe, solo llevó a Atalya al hospital y a mí me dejó a mi suerte, luego pidió perdón, diciendo que Atalya estaba muriendo, pero fui yo quien estuvo internada por tres días.
Me he acostumbrado a esto, de mis padres, su favoritismos ya no me sorprendo.
Vuelvo a la realidad.
Yo no puedo moverme. No me importa el dinero. No me importa la boda.
Solo repito en silencio:
“Por favor, que viva. Aunque no sea mío. Aunque jamás me ame. Que Damiano viva.”
Los padres de Damiano parecen sombras. Él es su amado hijo. El orgullo de la familia y su heredero.
Los abuelos de Damiano llegan también, demasiado asustados y frágiles por su nieto querido.
***
Las horas se vuelven eternas hasta que el doctor aparece.
—Está estable —dice.
Respiro. Pero su siguiente frase me destruye.
—Ha quedado en estado vegetativo, su cabeza se golpeó y el cerebro está muy inflamado, debimos ponerlo en estado de coma. No sabemos si despertará.
El mundo se me cae encima.
Mis lágrimas no me dejan ver. Pienso en sus ojos. En su sonrisa. En todo lo que no vivirá si no despierta, siendo tan joven y fuerte.
Y entonces, la voz de Atalya corta el aire como un cuchillo.
—¡No puede ser! —grita sollozando, su voz frustrada impregnada de dolor—. ¡No pienso casarme con un hombre que no puede ni moverse! ¡Yo no nací para cuidar a un vegetal! ¡Tiene que despertar!
El silencio es absoluto. Yo la miro.
Y en ese instante entiendo algo terrible:
Si él no despierta… ella lo abandonará, y yo solo puedo pensar:
“Atalya, si tu no lo quieres, yo sí”
POV NinaEstaba ahí, en aquella habitación blanca y silenciosa, mirando fijamente el techo mientras intentaba convencerme de que todo aquello era real.Solo quería ver a mi hijo.Eso era lo único que podía pensar.Desde que había despertado, una sensación de vacío me oprimía el pecho. No sabía cuánto tiempo llevaba allí. Las horas parecían confundirse unas con otras, y cada vez que escuchaba pasos en el pasillo, mi corazón se aceleraba esperando que alguien entrara para decirme que podía verlo.Pero nadie llegaba.Y yo seguía allí.Sola.Me sentía tan frágil, tan vulnerable, que apenas podía reconocerme.Toda mi vida había intentado ser una mujer fuerte. Había soportado decepciones, discusiones, traiciones y momentos en los que pensé que ya no podría continuar.Pero nada se comparaba con el miedo de no saber dónde estaba mi hijo.Cerré los ojos.—Agustín...Pronunciar su nombre me hizo sentir un nudo en la garganta.Solo quería abrazarlo.Quería comprobar con mis propios ojos que esta
POV AUGUSTO No podía ver a mi hijo.Los médicos me habían explicado que todavía estaba convaleciente y que, por el momento, necesitaba permanecer bajo observación. Aquella noticia me había dejado con una angustia difícil de describir, pero intentaba mantener la calma.Después de todo, él estaba vivo.Eso era lo único que importaba.Sin embargo, también necesitaba saber cómo estaba Nina.Me dijeron que ella ya se encontraba fuera de peligro. Seguía débil y tendría que permanecer hospitalizada, pero su vida ya no corría riesgo.Cuando escuché aquello, sentí un pequeño alivio.Quería verla.Necesitaba verla.Aunque una parte de mí tenía miedo de enfrentarme a sus ojos.Porque sabía que, cuando Nina despertara completamente, tendría que responder por todo lo ocurrido.Mis manos temblaban mientras caminaba por el pasillo del hospital.Cada paso hacia su habitación parecía más pesado que el anterior.Pensaba en ella.En mi esposa.En todo lo que habíamos vivido.En las veces que había prome
POV AugustoLas horas en aquel hospital parecían no tener fin.Cada minuto se arrastraba con una lentitud insoportable, como si el tiempo se hubiera detenido únicamente para torturarme. Caminaba de un lado a otro por el pasillo, me sentaba, volvía a levantarme y miraba constantemente hacia las puertas de las habitaciones.No podía dejar de pensar en mis hijos.En Alexander.En Agustín.Y, sobre todo, en Nina.Cerré los ojos y respiré profundamente.Había pasado tantas cosas en tan poco tiempo que mi cabeza apenas podía procesarlas. El miedo, la culpa, la angustia… todo se mezclaba dentro de mí.Por lo menos, después de unas horas, un médico se acercó para decirme que Agustín estaba bien.Había despertado después de la anestesia.Sentí que por fin podía respirar.—Puede verlo unos minutos, señor.No esperé a que terminara la frase.Entré rápidamente.Cuando vi a mi hijo acostado en aquella cama, tan pequeño, con el rostro todavía pálido y los ojos cansados, sentí que algo dentro de mí s
POV AugustoMe quedé completamente inmóvil.—¿Qué?—Tenemos un donador compatible con su hijo.Mis ojos se llenaron de lágrimas.—¿Está seguro?—Sí, señor. Las pruebas confirman que es compatible.Durante unos segundos no pude responder.Sentí como si alguien hubiera abierto una ventana en medio de una habitación sin aire.Esperanza.Después de tantas horas de miedo, por primera vez alguien me estaba diciendo que todavía había una posibilidad.—¿Dónde está?—El donador está disponible. Necesitamos que traiga al niño al hospital inmediatamente.—Sí.Mi voz temblaba.—Sí, iremos ahora mismo.La llamada terminó.Me quedé mirando el teléfono.Damiano se acercó.—¿Qué ocurrió?Levanté la mirada.Las lágrimas seguían corriendo por mis mejillas, pero por primera vez no eran solamente de dolor.—Tenemos un donador.Damiano abrió los ojos.—¿Qué?—Es compatible con Alexander.Sentí que apenas podía pronunciar las palabras.—Tenemos una oportunidad.Damiano sonrió con alivio.—Entonces vámonos.
Último capítulo