20° Aquello que duele.
La sonrisa del hombre se desvaneció lentamente. No pronunció ni una sola palabra; ni siquiera la expresión en su mirada me pudo indicar qué era lo que estaba pensando. Simplemente le aparté la mirada y observé la madera que estaba consumiéndose en la chimenea.
— Estuve embarazada una vez, hace cinco años, pero las cosas no salieron bien. El padre de ese bebé no quería que yo lo tuviera; decía que era un bastardo. Me abandonó por otra mujer y, a pesar de que yo ya no quería estar con él, lo úni