Más tarde salimos a caminar. Sin destino. Solo andar.
Me compré un café por capricho.
Entramos en una tienda de discos solo porque la fachada era bonita.
Probamos galletas en una panadería húngara escondida en una calle que nunca habíamos recorrido.
Cada paso era una elección.
Cada esquina, una primera vez.
Y al mediodía, sin pensarlo, le dije:
—Cassian… quiero hacer algo más.
—¿Algo peligroso?
—Algo simbólico.
—¿Tipo tatuaje o tipo cortar el flequillo?
—Peor. Quiero… ir a un sitio a hacerme un