CAPÍTULO NOVENTA (SI. ACEPTO)
Algo en mí había cambiado. No de golpe, no como quien enciende una luz. Era más bien como si hubiese estado abriendo lentamente una ventana, dejando entrar el aire sin darme cuenta.
Desde que le dije que sí, que quería ser su novia, no sentí que mi vida girara alrededor de Günter. Y esa fue, quizás, la señal más clara de que esta vez lo estábamos haciendo bien.
No me convertí en una extensión de él. No vivía pendiente del teléfono, ni estructuraba mis días según sus horarios. Seguía trabajando