El aire en el Patio de Armas era frío y cortante, incluso antes del amanecer. Sech había reunido a su pequeña escolta de élite: veinte de sus mejores guerreros, Lobos rápidos y silenciosos, entrenados para incursiones rápidas, no para batallas frontales. La tensión se palpaba en el ambiente; todos sabían que se dirigían a una provocación deliberada.
Isis se presentó envuelta en gruesas pieles de viaje y una capa de lana oscura, sujeta por un broche discreto. Llevaba solo una pequeña bolsa con s