Pronto volvieron a casa; las vacaciones terminaron.
Julián Altamirano cruzó el umbral de su empresa con una determinación renovada.
El aire acondicionado del edificio central parecía más frío de lo habitual.
A su lado, Gerardo caminaba con una mezcla de lealtad y cansancio.
Aunque Gerardo había intentado poner tierra de por medio para sanar sus propias heridas tras el problema con Vera, Julián no se lo había permitido.
—No puedes irte ahora, Gerardo —sentenció Julián mientras entraban en su des