Juliano llegó a su pent-house entrada la noche, con el cuerpo pesado y la mente aún más cargada. Cerró la puerta detrás de él sin siquiera encender las luces. No lo necesitaba. La oscuridad parecía más acorde con lo que sentía por dentro.
Caminó directo hacia el minibar.
No pensó. No dudó.
Solo sirvió.
El primer trago quemó su garganta, pero no fue suficiente. Nada lo era.
Sirvió otro… y otro… y otro.
Las imágenes de Alegra no dejaban de aparecer en su mente. Su voz. Su mirada. Las veces que cre