Meses después…
El tiempo había seguido su curso, implacable y silencioso, como siempre lo hacía. No se detenía por el dolor ni por la alegría; simplemente avanzaba, dejando atrás cicatrices, recuerdos y, en algunos casos, una oportunidad para sanar.
Muchas heridas, que en su momento parecían imposibles de cerrar, habían comenzado a cicatrizar. No todas estaban completamente sanas, pero al menos ya no sangraban como antes.
La vida, poco a poco, se estaba reordenando.
En medio de ese proceso, lle