Elyna sintió miedo al ver a su hijo ahí, ante ellas, y saber que lo había escuchado todo le hizo sentir temor.
—¡Hijo! —gritó, con un hilo de voz que apenas se sostenía sobre la lluvia de emociones que la inundaba— Por favor, escúchanos.
—Juliano escúchame —suplicó Alegra.
Juliano retrocedió un paso, como si esa sola palabra hubiera sido un golpe físico. Sus hombros tensos, su mirada fría y sus labios apretados mostraban el muro que había construido entre ellos.
—¿Qué tengo que escuchar? —su v