La madre de Alegra no logró sobrevivir.
La noticia llegó como un golpe seco, devastador, imposible de amortiguar. Para Alegra, el mundo se detuvo en ese instante. Todo lo que había sido estable, todo lo que le daba sentido, se quebró sin previo aviso.
El dolor no fue inmediato… fue peor. Fue lento. Profundo.
Se fue instalando en su pecho como un vacío imposible de llenar.
El funeral pasó como un borrón. Rostros, palabras, abrazos… nada parecía real. Todo era ajeno, distante, como si ella estuvi