Elyna comenzó a reír.No fue una risa ligera ni espontánea. Fue una risa baja, controlada, casi peligrosa. De esas que no nacen de la alegría, sino del hartazgo absoluto.Sus labios se curvaron apenas, mientras su rostro permanecía inexpresivo, como si la emoción verdadera estuviera enterrada demasiado hondo para salir a la superficie.—¿De verdad crees que puedo ver, Elías? —preguntó con voz suave, engañosamente tranquila.Elías se tensó de inmediato. Su cuerpo reaccionó antes que su mente.Tragó saliva, dio un paso atrás, y sus manos buscaron algo inexistente en el aire, como si necesitara apoyarse en una excusa que no encontraba.—Yo… —balbuceó, incapaz de sostenerle la mirada.Antes de que pudiera terminar la frase, otra voz intervino con rapidez, cortante, autoritaria.—Elías, no hagas el tonto —dijo su madre—. A tu mamá no le gustan esos juegos. Discúlpate con mamá, ahora mismo.La mujer fingía severidad, pero Elyna percibió la falsedad detrás de cada palabra. Esa voz, que duran
Leer más