La madrugada envolvía la clínica en un silencio solo roto por el zumbido de los equipos. Clara revisaba inventarios cuando el sonido de un vehículo pesado cortó la quietud. Una tensión inusual se propagó por los pasillos. Los técnicos, normalmente imperturbables, se movieron con un respeto que rayaba en el temor.
El segundo paciente de importancia llegó escoltado por dos guardias de élite. Sostenían a un hombre mayor que se apoyaba en ellos con dificultad. Su rostro era un mapa de violencia, su