La voz del Discípulo no provenía de un solo punto, sino que resonaba desde las mismas paredes de la caverna, envolviéndolos, haciéndose tangible como el aire frío. No había ira, ni triunfo, solo una curiosidad profunda, como un científico recibiendo una muestra largamente esperada.
—"Sigan la pasarela de luz. Les prometo que no es una trampa. Sería… antieconómico."
Una hilera de baldosas en el borde de la plataforma comenzó a emitir una suave luz azul, formando un camino que se extendía sobre el lago subterráneo hacia la estructura central.
Rojas tensó el arma, sus ojos escudriñando cada centímetro. —Es un riesgo. Podría dejar caer la pasarela.
—No lo hará —respondió Clara, su voz sorprendentemente calmada. Sus ojos recorrían la ciudadela bajo la montaña, analizándola no como una amenaza, sino como un síntoma—. Quiere algo de nosotros. La captura es solo el primer paso. —Miró a Félix—. Es un coleccionista. Y acabamos de entregarnos a su vitrina.
Félix asintió. No había vuelta atrás. C