El zumbido en los oídos persistía, un fantasma del pulso neural abortado. Clara se arrodilló junto al cuerpo inconsciente del Discípulo, sus dedos buscando automáticamente el pulso en su cuello. Era estable, pero acelerado. El sedante hacía su trabajo, sumergiendo al profeta del caos en un sueño forzado, lejos del colapso de su reino.
—Las autoridades están a un minuto —la voz de Gael en el comunicador era urgente—. Ejército, inteligencia… es un circo. Tienen que salir ya.
Félix miró hacia la e