La calma que sentía era engañosa, un lago de hielo bajo el cual hervían aguas negras de terror y una furia incandescente. La USB con los planos del infierno de John era un talismán envenenado en mi bolsillo. Las palabras de Félix resonaban en mi cráneo: Confía en el caos. Confía en la Sombra. Confía en ti.
Era mucho pedir. Demasiado.
Subimos del búnker a la mansión, que ahora parecía diferente. Ya no era un refugio violado, sino un cuartel general. Cada sombra me miraba, cada susurro del viejo