La orden de Félix resonó en el centro de mando con la frialdad de una sentencia. "No lo intercepten. Déjenlo ir. Y síganlo hasta donde crea que está a salvo."
En el Jardín Botánico, la coreografía de la cacería cambió de inmediato. Clara, recibiendo la señal a través de un discreto auricular, continuó su paseo, pero ahora su rumbo la alejaba lentamente del hombre que había sido identificado. Su papel como cebo principal había concluido. Había cumplido su función a la perfección.
Marcos, desde s