La primera luz del alba encontró a Clara en la misma silla, junto a la cuna de Lucas en la UCI. No había dormido en toda la noche. La fatiga era un peso denso en sus huesos, pero un deber más profundo que el descanso la mantenía en vela. Sobre su regazo, anclada contra su pecho por el brazo que la rodeaba, Emma dormía un sueño profundo y pacífico. El suave ritmo de su respiración era un bálsamo contra el recuerdo del jadeo agitado de su hermano.
En el trascurso de la noche larga y tensa, después de que Lucas fuera ingresado y estabilizado, Félix había dado la orden en un susurro cargado de ferocidad: "Tráiganla. Ahora." No hubo debate. La experiencia con Lucas había quemado cualquier ilusión de seguridad fuera de sus murallas. Emma había sido extraída del escondite y llevada a la clínica con un despliegue de sigilo que hizo parecer el Protocolo Cigüeña un ejercicio bullicioso. Ahora, bajo el mismo techo, la familia estaba completa. Fracturada, aterrorizada, pero junta. Clara sentía el