El sueño fue una red agujereada por la que caí una y otra vez, atrapada entre imágenes de la galería de horrores y la mirada de Félix cuando le di la espalda a la libertad. Soñé que las fotos cobraban vida, que los hombres de los muelles salían de las paredes y me señalaban, acusadoras, mientras Félix observaba desde la sombra, con una sonrisa de aprobación en los labios.
Desperté con el corazón acelerado y la boca seca. La habitación estaba bañada por una luz grisácea y artificial. Por un inst