La noche era profunda cuando Clara terminó de analizar la propuesta de Alba Torres. Las páginas estaban marcadas con anotaciones en rojo, no como una médica estudiando un protocolo, sino como una estratega identificando puntos débiles en un contrato de rendición. Cada cláusula, cada promesa de recursos ilimitados, estaba impregnada de la misma esencia: la sumisión disfrazada de oportunidad.
A la mañana siguiente, mientras Félix descansaba bajo los efectos del Zavicef, Clara pidió una videollama