La partida de Alba Torres dejó un silencio cargado en el comedor. Clara seguía de pie, los documentos de la propuesta aún en sus manos, sintiendo el peso de las palabras intercambiadas. Félix no se movía, su abrazo era a la vez un ancla y una jaula. Ambos sabían que algo fundamental había cambiado en el equilibrio de poder entre ellos y con el mundo exterior.
"¿Cuánto escuchaste?" preguntó Clara finalmente, sin volverse.
"Suficiente," respondió Félix, su voz un susurro áspero contra su cabello.