La furgoneta era una cápsula herméticamente sellada que se deslizaba por la noche como un fantasma. Sin ventanas, el único mundo exterior eran las pantallas que mostraban calles desiertas, ráfagas de lluvia barridas por los limpiaparabrisas y, eventualmente, la oscuridad profunda de una carretera rural. Clara cerró los ojos, concentrándose en los latidos regulares que emanaban del monitor fetal. Lucas y Emma, ajenos al pánico, se movían con una calma inquietante. Anya le apretaba la mano, un an