El mundo de Clara se redujo a un ciclo de dolor y al sonido de la respiración de Félix, un ritmo áspero y constante junto a su oído. Los minutos se estiraban, elásticos y crueles, hasta que el equipo médico irrumpió en la suite, dirigido por el Dr. Vendrell, cuyo rostro habitual de profesionalismo se veía crispado por la urgencia. Bajo las órdenes cortantes de Félix, que no se separaba de la cabecera de la cama, la habitación se transformó en una sala de partos de campaña.
Clara, aferrándose a