El dolor fue una ola sorda que se retiró tan rápido como llegó, dejando a Clara jadeando contra el respaldo del sillón, las palmas de sus manos sudorosas presionando su vientre. No. No ahora. No así.
—Doctora —la voz de Rojas, cargada de una urgencia que trascendía la misión, cortó el aire—. ¿Está bien?
Ella asintió, incapaz de hablar, conteniendo la respiración hasta estar segura de que el espasmo había pasado. En la pantalla, los latidos de Lucas y Emma seguían regulares, fuertes, ajenos al p