La luz del amanecer se filtraba por las ranuras de los paneles de acero que aún sellaban las ventanas, pintando líneas doradas en la penumbra rojiza de la suite. El equipo médico se había retirado a una habitación contigua, dejando a Clara en reposo vigilado, las contracciones detenidas por el goteo constante del tocolítico. Los latidos de Lucas y Emma sonaban como un suave y constante tamborileo de vida en el monitor, un recordatorio tranquilizador de que lo peor había pasado, por ahora.
Félix