El pitido agudo del Protocolo Fénix se apagó, pero su eco permaneció grabado en los oídos de Clara, un zumbido persistente de peligro inminente. La suite, antes su jaula dorada, se transformó en cuestión de segundos. Paneles ocultos en las paredes se deslizaron silenciosamente, revelando pantallas táctiles que mostraban planos de la mansión en tiempo real, puntos rojos marcando las posiciones de los guardias y áreas en amarillo donde los sensores habían detectado anomalías. El aire se llenó del