La suite sellada vibraba con el runrún de los sistemas de respaldo. El aire olía a metal filtrado y a la tensión palpable que emanaba de Rojas. Su relato fue lacónico, brutal. Un ataque quirúrgico, tal como Clara había intuido. El equipo de Marcos, los mejores, neutralizados no por fuerza bruta, sino por gas neuroparalizante de grado militar, el mismo que había dejado a los guardias del pasillo como muñecos inertes. Marcos, alcanzado por un dardo tranquilizante de alta potencia, había logrado a