El amanecer encontró a Clara sentada en la cama, mirando fijamente las dunas bañadas por la luz tenue. Las lágrimas de la noche anterior se habían secado, dejando a su paso una claridad gélida. La amenaza de Félix resonaba en su mente como un tañido fúnebre. "Aislarlos de tu influencia." No era una amenaza vacía. Era una promesa. Y ella, con su conocimiento de la ley no escrita del mundo de Félix, sabía que tenía los medios y la despiadada determinación para cumplirla.
Algo se había quebrado y