El aire en el conducto de ventilación era denso, polvoriento y difícil de respirar. Clara seguía a Marcos, quien se arrastraba con una determinación feroz, ignorando el dolor que debía estarlo atravesando. Los disparos de Alessio habían cesado, pero la amenaza pendía sobre ellos como una losa.
—Marcos, tu herida —jadeó Clara, viendo la mancha oscura que se expandía en el vendaje de su costado.
—No importa —respondió él, sin detenerse—. Tenemos que poner distancia. Ese conducto desemboca en una