El golpeteo furioso en la puerta de acero cesó tan abruptamente como había comenzado. Un silencio pesado, roto solo por el jadeo de Clara y el zumbido de las luces de emergencia, llenó el corredor oscuro. Alessio había comprendido que forcejear era inútil. Ahora sería la calma antes de la tormenta; estaría ideando otra forma de llegar a ella.
Clara se puso de pie, temblorosa, apoyándose en la fría pared de cemento. Estaba atrapada, pero temporalmente a salvo. Tenía que moverse. Alejarse de esa