El viaje por el camino forestal fue brutal. El todoterreno sacudía a Clara de un lado a otro, las ramas golpeaban los cristales blindados. Sus captores, dos hombres vestidos de negro y con pasamontañas, permanecían en un silencio absoluto, solo roto por las instrucciones secas que recibían por el comunicador. Clara se concentró en memorizar cada giro, cada cambio en el sonido del motor, cualquier dato que pudiera ser útil.
Después de lo que pareció una eternidad, el vehículo se detuvo frente a