Las horas en la suite de Alessio Rossi se arrastraban con una pesadez opresiva. Clara recorría la habitación una y otra vez, sus dedos acariciando los lomos de los libros antiguos sin realmente verlos. Su mente era un torbellino de planes y contingencias. La amenaza contra Anya era real e inminente. No podía permitir que una persona más sufriera por su causa.
Finalmente, tomó una decisión. Se acercó a la puerta y golpeó con firmeza.
—¡Necesito hablar con Rossi! —exclamó, proyectando su voz para