El sol de la mañana se filtraba por las ventanas de la clínica, iluminando los restos de la batalla nocturna. La decisión estaba tomada: no sería un asalto frontal. Sería una emboscada elaborada, una partida de ajedrez donde el premio era la captura de un rey loco. Y Clara, una vez más, sería el peón principal, aunque esta vez, un peón consciente y dispuesto.
Félix convocó a su círculo más estrecho en la sala de control: Clara, Gael, Rojas y, a través de una pantalla, a Marcos, cuya recuperació