El ala oeste de la clínica parecía una zona de guerra. La espuma blanca se adhería a las paredes y al suelo como nieve sucia, mezclada con las oscuras manchas de la lucha. Los hombres de Rojas trabajaban con eficiencia macabra, limpiando los restos del fallido asalto. El aire olía a pólvora, químicos y sangre.
Clara, aún temblorosa pero con la mente clara, se negó a ser llevada a un lugar seguro. Mientras los equipos médicos se movilizaban para atender a los heridos leves entre el personal de l