El chirrido del acero sellándose a sus espaldas era el sonido del fracaso. Rojas, con una fuerza férrea, arrastró a Clara a través de la esclusa exterior justo cuando la puerta interior del laboratorio se cerraba herméticamente. El aire comprimido siseó, y por un instante de silencio sepulcral, solo se escuchó la respiración jadeante de Clara y la voz de Gael, aguda por la urgencia, en el comunicador.
—¡Autodestrucción confirmada! ¡Sellado total en noventa segundos! ¡Neutralización térmica inic