El dolor era una entidad viva que había hecho simbiosis con Clara. Ya no podía recordar cómo se sentía no tener ese latido sordo en las costillas, esa punzada aguda en la mandíbula con cada movimiento. Se había convertido en la partitura sobre la que se escribía su existencia en la celda B7. Pero como un instrumento desafinado que aprende a resonar con la disonancia, Clara descubrió que podía pensar a través del dolor. De hecho, el dolor agudizaba sus sentidos, eliminaba todo ruido mental super