El décimo día amaneció con un silencio extraño. No era el silencio vacío de los días anteriores, sino uno cargado de expectativa, como la calma que precede a una tormenta. Clara despertó con la sensación de que algo había cambiado. El aire mismo parecía más denso, electrizado.
La rutina matutina se desarrolló con normalidad: el técnico con el desayuno, la ropa limpia. Pero cuando Kael apareció, no traía ni modelos anatómicos ni informes médicos. Venía con una invitación.
—El señor John solicita