El noveno día amaneció con un cambio sutil pero significativo. La luz de la suite no era la blanca intensidad habitual, sino un tono más cálido, casi dorado, como la luz del atardecer. Un intento burdo de simular normalidad, de crear una falsa sensación de calma. Clara lo notó de inmediato. Cada alteración en su entorno era un mensaje, una pieza más en el elaborado mecanismo de tortura psicológica.
Se levantó y se dirigió al baño, evitando mirar la marca en el lavabo. Nueve días. La mitad de su