El día antes de la boda me sentí bastante mal, estaba enferma física y emocionalmente; afectada por un mal de amor trepidante que me carcomía hasta los cimientos. Pero no dije nada, no hablé del dolor que sentía ni de como mi corazón estaba hecho trizas. Respeté su decisión y me mantuve al margen, si ellos eran felices a mí no me correspondía intervenir supuse que ya llegaría mi momento para pasarla bien y, también, para volver a amar.
Ayudé a Tamyria con todo lo que pude, sintiéndome bastante