XCVIII

Mientras yo fingía seguir inconsciente para no confrontar a mis familiares ellos continuaban peleando a diestra y siniestra como una jauría de lobos completamente enardecida, no paraban de pelear desde que llegaban a "cuidarme" hasta que se iban en la noche, era horrible así que no me atrevía a abrir los ojos en su presencia.

Nadie se salvaba a decir verdad pero sin duda alguna y bajo mi inteligentísimo criterio(que era el más acertado y cohertente de aquella sarta de infames subnormales) el p
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