«¿Así que Alexander está preocupado por mí?—pensé sorprendida—pues que hombre tan estúpido, cínico y falto de ética, ojalá me muera para que la pase mal», no me podía creer que estuviera fingiendo que yo le importaba o que, en efecto, tuviera el descaro de hacerse la víctima en una situación como esta.
«Yo, yo, yo» ese hombre era demasiado egoísta, solo pensaba en si mismo y en hacer que los demás sintieran pena de él. Así había sido con mi hermana, aunque ellos ya tenían una historia previame