LXXI

No hubo vergüenza ni respeto por partes de Alexander, apenas nos divorciamos comenzó a planear su boda con Tamyria. Lo peor es que en su sinvergüenza acto me preguntaban algunos detalles referentes, respondía con calma, como si un vórtice de insensibilidad se hubiera adueñado de mí. Ellos parecían sumamente felices, supuse que después de todos los años que pasé en coma a él ya no le quedaban lágrimas para llorarme ni para sufrir el duelo de nuestra ruptura. A mí si me dolía pero estaba guardado
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