Cerré mi computadora con un clic rotundo que resonó en la oficina casi vacía. El silencio que siguió fue sepulcral, solo interrumpido por el zumbido lejano del aire acondicionado. Recogí mis pertenencias con movimientos mecánicos, sintiendo el peso de un cansancio que no era físico, sino del alma.
—Fin del día —susurré para nadie, estirando los brazos sobre mi cabeza mientras soltaba un suspiro cargado de frustración.
Mis ojos se desviaron inevitablemente hacia la oficina del fondo, esa pu