Layla tomó mi mano entre las suyas, apretándola con una firmeza que intentaba transmitirme la seguridad que a mí me faltaba. Su expresión, antes divertida, se llenó de una empatía profunda que casi me hace volver a llorar.
—Ale, escúchame bien —dijo con voz clara—. Tú vales muchísimo más que la atención de un hombre como Rodrigo. No tienes por qué aguantar sus malas actitudes ni sus desplantes. Mereces a alguien que te llene de amor, no estar suspirando por alguien que ni siquiera sabe que ex