(Alessandra)
El trayecto de vuelta a la Mansión Montenegro fue inusualmente silencioso, pero no era un silencio incómodo. Thiago se había quedado profundamente dormido en su silla de seguridad, agotado tras la emoción del desayuno y la promesa de su "silla que da vueltas" en la oficina de Rodrigo. Al mirarlo, no pude evitar sonreír; tenía las facciones de su padre, esa determinación en la mandíbula que ahora, por fin, no me causaba miedo, sino una extraña paz.
Sin embargo, al entrar en los lím