Gemma no estaba del todo segura de lo que hacía —nunca le había dado placer a ningún hombre antes—, pero poco a poco fue sintiéndose más confiada al escuchar los sonidos que Sebastian dejaba escapar en medio de maldiciones y jadeos entrecortados.
Nunca había pensado que algo como aquello pudiera hacerla sentir tan poderosa. Ella lo llevó tan profundo, una y otra vez, disfrutando de ver a Sebastian tan perdido en su propio placer.
—Suficiente, cariño —ordenó él con la voz ronca. En algún momento